Análisis
Valoración9
3 niños juegan en su barrio de Boston cuando son abordados por un hombre que se hace pasar por policía y que se lleva a uno de ellos.
En realidad, se trataba de un pedófilo que va a retener al joven Dave durante cuatro días hasta que éste consigue escapar.
Tras esta introducción, Mystic River nos adentra en la relación que mantienen estos tres amigos de la infancia con respecto al asesinato de la hija de uno de ellos, Jimmy, a través de tres puntos de vista diferentes por cada uno de los protagonistas.
Desde Sean, el policía que investiga el caso, hasta Dave, sospechoso del asesinato y del cual sabemos que oculta algo, pasando por el propio Jimmy, su dolor y la investigación que realiza él mismo ayudado por dos matones.
Clint Eastwood es un gran director y lo ha tenido difícil para ser reconocido como tal. Desde aquella primera película que dirigió, Escalofrío en la noche, hasta esta, ha habido de todo: buenos westerns como Infierno de cobardes, El fuera de la ley o El jinete pálido, semifallidos productos de acción(Licencia para matar, Ruta suicida, Firefox…), interesantes films como El aventurero de medianoche o Cazador blanco, corazón negro, otros desconcertantes(Bronco Billy, Medianoche en el jardín del bien y del mal) y 3 obras maestras, para mí, que son Bird, Sin perdón y Los puentes de Madison.
Producida por Malpaso, la productora de Eastwood, para Warner, Mystic River es sin duda la mejor de sus últimas películas, la mejor desde Los puentes de Madison, y posiblemente en un futuro, me encuentre hablando de ella como una obra maestra.
¿Es para tanto? Pues no lo sé, pero tal y como está el cine, plagado de efectos especiales, de sonidos atronadores, montaje videoclipero y explosiones por doquier, ir al cine a ver una peli, y encontrarme con una como esta, a mí me hace feliz. Feliz a pesar de ser un drama descarnado, sin esperanza alguna, un drama humanamente terrible sin lugar para la más mínima salida, a pesar de ese falso happy-end, que me parece brutalmente cínico y desolador. Pero un drama repleto de buen cine.
Clint Eastwood, básicamente ha aprendido el oficio de manos de dos grandes directores como son Sergio Leone y Don Siegel(a los que por cierto, está dedicada Sin perdón) y ya no es que sepa dónde hay que colocar la cámara, cómo hay que hacer las elipsis o cómo se debe dirigir a los actores, eso lo ha aprendido con el paso del tiempo y la experiencia. Es que Eastwood, dentro de lo que hay en el cine hoy en día, domina como pocos el lenguaje cinematográfico(cuando digo pocos, es que los puedo contar con los dedos de una mano), Eastwood se ha convertido en un maestro y no ha sido de la noche a la mañana. ¡Quién se lo iba a decir a aquel delgaducho que protagonizó la primera trilogía de Leone!, o al implacable Harry Callaham o al alcalde de Carmel.
Mystic River es de principio a fin, un derroche de genialidad: en la trama(con esos giros de guión, por otra parte, sólido, coherente y sin fisura alguna), en la interpretación(impresionante el trío protagonista, en especial Tim Robbins, el cual es mejor actor sólo con la expresividad de su rostro que muchos actuales con todo su ser, y Sean Penn, aquel conflictivo ex-marido de Madonna que se ha convertido en un actorazo de los pies a la cabeza. A un buen nivel pero sin alcanzar a estos dos están Kevin Bacon y Larry Fishburne), en el montaje siempre preciso del habitual Joel Cox y en la dirección que aglutina todos los elementos, le da forma y sentido, y consigue un auténtico peliculón.
Como dato curioso, señalar que la música es del propio Eastwood, interpretada eso sí, por otro de sus habituales, Lennie Niehaus.
Y las interpretaciones femeninas cumplen su papel a la perfección, con esa terrible Laura Linney del final, o la asustadiza Marcia Gay Harden.
Y tenía que ser un drama. La sensación que yo tengo con Eastwood es que se encuentra muy a gusto en ese terreno y le saca todo el rendimiento posible, y ojalá siga haciéndolo durante muchos años a pesar de su edad, porque como he dicho al principio, ir al cine y encontrarse con películas como esta, a mí me hace feliz, me recuerda por qué me gusta el cine.
Imprescindible.
